cada verso es un jirón de piel

Tengo dos primos carnales, dos personas que, junto con el hermanín hemos ido trenzando todas nuestras vidas. Son las otras caras que siempre están junto a la mía en las fotos de vacaciones, en la playa o dando tumbos por el monte. Aunque sólo les saco dos, seis y ocho años, uno los recuerda rubios (los tres eran rubios de pequeños, excepto yo), pequeños y preguntones. Alberto, el primo mayor, tenía la costumbre de vaciar los armarios de casa y de quedarse con los juguetes, si el juego no iba como a él le apetecía. Carlos, el pequeño, gustaba de jugar durante horas al fútbol después de haber comido un cocido de güelita.

La cuestión es que el pasado fin de semana nos hemos vuelto a juntar los cuatro, en la boda de Alberto. Al final, es todo cuestión de estadísticas: los cuatro tenemos pareja; dos estamos fuera de Asturias; dos ya están casados; dos estamos viviendo en pecado; uno ya es papá; ninguno es rubio.

¿Qué decir del evento? Que llovió durante todo el día pero apenas importó. Que lo pasamos como la ocasión merecía, como los indios. Que se comió muy bien, se bebió demasiado y se volvió a comer. Durante la boda, el novio sorprendió a todos sacando uno de esos DVD con una recopilación de fotos, que tanto se ven últimamente en este tipo de saraos. ÿl mismo se había encargado de hacerlo, buscando fotos, escaneándolas y pegándose con el ordenador hasta la noche anterior para poder llegar a tiempo. Pero le mereció la pena el esfuerzo porque, en sólo seis o siete minutos consiguió que la práctica totalidad de los asistentes estuviesen llorando a moco tendido. De hecho, sigo pensando que los últimos minutos no los visionó la gran mayoría. Su porcentaje de acierto, en cualquier caso, fue tremendo.

A estas alturas, los recién casados deben estar en Las Vegas, segunda parada de cuatro por las dos costas de los estados juntitos, apostándose los trajes de novios a la ruleta. Los demás hemos vuelto a nuestras respectivas rutinas e, incluso, alguno se ha pasado varias horas procesando las innumerables fotografías del evento. Para muestra, un botón…

movimiento a contraluz

piernas, zapatos, vestido de novia

novia

rat pack

Algunas fotos más en este set de flickr.

PD: el título de esta entrada corresponde con unos versos de una canción de Víctor Manuel, que sonaba de fondo mientras se veían sus fotos en el DVD. Hacía mucho tiempo que no la escuchaba y ayer, mientras procesaba fotos, me atacó la morriña y me puse todo lo que pillé del mierense. Canela fina, oiga.

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