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el regalo de eme

Cumplir treinta y cinco años y sentir cómo te echan de la categoría “joven” merece un premio de consolación a la altura. Este año, eme no ha querido complicarse y, directa y sencillamente, me ha pregunta ¿y tú qué quieres? Quizá está escarmentada de un par de libros, regalos también, que ya había leído y que pasaron a ocupar el sitio contiguo al de sus iguales en la estantería.

Mi respuesta fue también sencilla y directa: una focal fija de cincuenta milímetros. ¿El qué? Un objetivo para la cámara de fotos. ¡Ah! ¿Y por qué no has dicho eso?

Así que la misma noche del cumpleaños, buceamos un rato por ebay y lo compramos en un tienda de aquí al lado, de Hong Kong. Doce días después recibí un paquete con caracteres extraños en la etiqueta. Luego, en casa, ya se encargó eme de cantarme el cumpleaños feliz y tirarme de las orejas.

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Con este juguete, los retratos, primeros planos con poca luz y los juegos en el parque al atardecer saldrán de lujo. ¡Cómo si supiese usarlo de verdad! Familia, sobrino… ¡preparaos!

la cámara

Tiene un par de cámaras para hacer fotos: una réflex de carrete bastante interesante pero que ha ido perdiendo protagonismo según se encarecía el revelado y lo digital iba ganando terreno y otra, compacta y digital, que lleva en las salidas del grupo de montaña y en los viajes y con la que retrata a su nieto. Pero ésta última está dando sus últimas bocanadas y ya no enfoca. Es normal, son cámaras que tienen una vida estimada de X fotos y cuando has sacado tres o cuatro veces esa cantidad, lo normal es que empiecen a fallar.

A mi padre siempre le ha gustado la fotografía y, desde que tengo uso de razón, le he visto rodeado de cámaras y objetivos, comprando enciclopedias del tema e, incluso, revelando carretes en blanco y negro en un laboratorio del barrio. Ya he mencionado el extenso catálogo de fotos que, tanto el hermanín como yo tenemos pero, lo que pocos saben es que tiene fotografiadas a la mayoría de las vacas del Principado de los años ochenta.

A los seis o siete años me regalaron (mis padres) una cámara de fotos que parecía una caja de zapatos, con un flash de doce bombillas, cuadrado y ortopédico que iba quemando bombillas con cada disparo. Me explicaron cómo usarla y la responsabilidad de no tirar fotos absurdas, que luego costaban dinero. Aprendí mucho y rápido y me volví un verdadero guardian del carrete, escogiendo los momentos importantes.

Después vino una Kodac fija, de 35mm, que sacaba las fotos con mucho grano pero que era, cuando menos, más estilizada y bonita. Gracias a aquella cámara guardo un ingrato recuerdo del dependiente de Granada que me cambió el carrete sin engranarlo y me jodió la segunda parte del viaje de estudios. Me pasé quince días ensayando el cambio del carrete en casa, con uno velado, para no depender de nadie.

Aquella era la cámara de fotos de juguete, la de los críos y la que se quedaba en casa cuando íbamos de viaje los cuatro porque siempre venía la cámara grande, la de papá y con la que algunas veces nos dejaba sacar fotos. Ahí aprendimos a cambiar objetivos, lo que es el tiempo de exposición y a mantener la respiración al disparar.

Años más tarde, en 2002 me compré mi primera digital y las cosas cambiaron. Ya no pasaba por la tienda de revelado, veía y almacenaba las fotos en el ordenador y no llenaba la casa de álbumes. ¡Un lujo! Al principio, mi padre mostraba cierta distancia, casi reticencias pero, con el tiempo, empezó a verle la utilidad y terminó comprándose la compacta. Hace un par de años, mi cámara nos sacaba a todos azules y decidí comprar otra, una reflex. Lo hablé con él y nos fuimos a una tienda, derechos a por la canon. Desde entonces, siempre que hemos ido por ahí, yo he puesto la cámara y él me ha puesto en evidencia sacando mejores fotos.

La semana pasada fue su cumpleaños y, viendo que a su cámara digital estira-codos le quedan dos telediarios, me puse a buscarle una réflex digital. Tras perder dos pujas de ebay en el último minuto, terminé comprando una fantástica Canon EOS 300D, en perfecto estado y por un precio irrisorio. No es el último modelo de Canon pero, tras trastear semana y media con ella, puedo decir que lo único que la diferencia de mi 400D es el display y que algunas opciones tienen más capacidad.

Se la dimos el lunes, a última hora de la tarde y el martes por la mañana ya tuvimos nuestra primera conversación técnica. Sé que a partir de ahora tocará revisión diaria de manual, trucos de manejo, comparación de fotografías, tutorial avanzado de almacenamiento y gestión de ficheros, clases teorico-prácticas de photoshop y un largo etcétera, pero no me arrepiento del regalo. Eso sí, no descarto que mi sobrino me retire la palabra cuando se entere, dentro de unos años, de dónde sacó su abuelo la cámara de fotos con que lo persiguió toda su infancia. 😛

Nota: Papá, el soporte informático, fotográfico y técnico 24 hroas se aplica únicamente si disparas en manual y con RAW. 🙂

acércate más…

Después de estar un par de meses (o quizá tres) tocando las narices con el tema, la semana pasada me lancé y me compré un teleobjetivo para la cámara de fotos. El aparato en cuestión es un Tamron 70-300, con el nombre en clave AF70-300mm F/4-5.6 Di LD Macro pero que, debido a mi facilidad para recordar números y letras, será apodado el gordo.

tamron 70-300

Este fin de semana largo, aprovechando que en el pueblo de eme hacían una fiesta para guardar a la virgen en una iglesia, me dejé tentar por la idea de una excursión fotográfica y nos fuimos para allá. El domingo, el día de autos, nos despertaron los truenos y la tormenta a eso de las seis y pico de la mañana que anunciaban que la mitad de la excursión ocurría bajo la lluvia. Así fue, de hecho, pero ya metidos en harina unas cuantas gotas no nos iban a hacer retroceder y, con todo, salimos a caminar.

El trayecto comienza en el pueblo de eme y transcurre por la dehesa que hay hasta el siguiente pueblo, entre carreteras nacionales y comarcales. A partir de ahí, se toma una carretera secundaria que va hasta la iglesia, donde se hace una fiesta con comida y bebida.

El objetivo nuevo, el gordo, supone un cambio muy grande en mi forma de sacar fotografías, sobre todo en la manera de preparar la foto, porque me cambia las distancias que ya tenía asumidas. A partir de ahora, con este trasto, las cosas se ven más cerca y no hay que acercarse al objetivo, con lo que se gana en frescura y en procesado de la imagen.

canon EOS 400D, análisis final

Al igual que hiciera con el N80, voy a escribir los puntos fuertes y débiles de mi nueva cámara de fotos, una Canon EOS 400D, sin ningún orden en particular.

Lo bueno

  • es ligera, pesa poco más de medio kilo
  • es compacta y da sensación de robusta (no pienso hacer pruebas en ese sentido :))
  • tiene un montón de modos predefinidos que hacen muy fácil sacar una foto. Incluso tiene un modo totalmente automático en que lo único que tienes que haces es apuntar medianamente bien y pulsar el disparador.
  • tiene cinco o seis modos manuales que permiten un aprendiendo todo acerca de la fotografía. Si los utilizas de menos a más, aprendes a jugar con las luces y los tiempos de exposición. Al final, seguramente, sólo emplearé el modo manual, en el que tú te lo cocinas todo pero ese día todavía está lejano.
  • la resolución de las fotos es impresionante. El salto de los 3,2 megapíxeles a los 10,2 ha sido tremendo y se ha notado, sobre todo, en la calidad de las imágenes que, con la misma resolución, tienes menos ruido y muchísima más definición. Antes, cada vez que llenaba una tarjeta de memoria con ciento y pico fotos eran 128 MBytes y ahora, sólo con con poco más de una veintena ocupo el mismo espacio. El tener la posibilidad de tirar mil fotos de una vez también me pone los pelos de punta.
  • el formato RAW. Ansiaba desde hacía tiempo conocer y usar éste formato de almacenamiento de fotos y, sinceramente, no me ha defraudado. Guardando las fotos así, se pueden cambiar prácticamente todos los valores de la foto en post-producción y darle otro aire. Eso sí, ayuda el haber hecho un buen disparo sino, por mucho que cambies no hay nada que hacer. Además en Linux hay un paquete, rawstudio, que permite hacer estos cambios sin usar el programa de Canon y sin echar en falta muchas opciones.
  • el display es enorme (2,5 pulgadas), muestra un montón de información de una manera sencilla de interpretar, lo cual se agradece cuando uno empieza con éstos monstruos y las fotos se ven nítidas. Además, la cámara no utiliza el display para tomar fotos. Me horroriza ver a gente con los brazos en alto y extendidos, mientras intentan tomar una foto. ¡Hay que arrimar el ojo!
  • infinitos botones. Aunque tiene un número finito de botones, unos quince, dependiendo del modo que se emplee, las atribuciones de éstos varían y llega a dar la impresión de que un sexto dedo en cada mano no estaría de más.
  • funciones programables. Permite reprogramar los botones para utilizarlos con casi todas las funciones que tiene la cámara. Así, si apenas usas el botón de ISO, lo puedes reprogramar para, por ejemplo, modificar la resolución a la que se guardan las imágenes.
  • los puntos de autofocus. Al mirar por el objetivo se ve un rombo con nueve puntos, los cuales son los encargados de hacer foco y, sorpresa, sorpresa, permiten ser programados para, con el mismo encuadre, hacer foco en nueve sitios diferentes. Es una tontería pero es muy adictivo cuando conoces las macrofotografías.
  • disparo continuo. Salvo cuando se almacenan las fotos en formato RAW, se pueden realizar disparos continuos, a razón de tres por segundo, hasta que se llene la tarjeta de memoria.

Lo malo

  • el precio. A nadie le gusta pagar tanto dinero por nada, aunque luego te devuelvan un pico (aún no me ha llegado, por cierto).
  • el manual. Aunque extenso y pormenorizado hasta límites difíciles de creer, se trata de un documento muy frío que únicamente enseña las funciones del aparato. Le falta, creo yo, algunos guiños y trucos que amenicen tanto botón y tecnicismos.
  • el precio. Sí, ya sé que está repetido pero es que se trata de mucha pasta…

fomentar la lectura

Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?

José Luis Sampedro evoca bibliotecas y tardes de lectura en un muy recomendable artículo.

Leído en La vida es más compleja de lo que parece.

jose luis sampedro, citas, bibliotecas, canon

bibliotecas y cánones

Crecí en una biblioteca, huyendo de otros críos que, probablemente, sólo abrirían un libro para calentarse las manos en un día frío y húmedo. Las estanterías llenas de libros, los lomos gastados y mil veces pegados con celofán, las salas tranquilas y vacías, con los cuatro o cinco de siempre, todos más mayores que yo, leyendo el periódico u ojeando algún volumen mientras te siguen de reojo, el silencio, la paz que siempre se respira, todo eso es lo que convierte ese lugar lleno de cosas, de libros, en un espacio sacrosanto.

Recuerdo con mucha nitidez la tarde que mi madre nos llevó, al hermanín y a mí a la biblioteca para ver, me imagino, si saciaba algo del hambre de libros que tenía y con la vaga esperanza, creo, de que tanta página me atontase. Por eso me llamó la atención que la señora que nos hizo el carné (el 336, mi primer número identificativo importante), nos repasó las normas de memoria y, en ningún momento, lo recuerdo claramente, dijo que tuviésemos que pagar nada por aprender, por vivir vidas ajenas, por crecer.

La cultura es uno de los bienes más preciados y más exiguos que existen, es un bien volátil y trabajado, hacen falta años de estudio, de lectura, noches enteras frente a libros más grandes que uno mismo para poder llegar a sentirse parte de la cultura, un poco culto aunque no mucho y lo que ahora pretenden es vetar el acceso a ese bien, que haya que sacar la cartera cada vez que un chaval se pase por una biblioteca y quiera sacar un libro o un tebeo y eso, esa necesidad de cobrar por todo es, simplemente, vergonzosa.

Más información:

no al canon de las bilbiotecas

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