treinta y cinco

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Hoy dejo de ser considerado, oficialmente, joven. A esta edad, a los treinta y cinco a uno le pasan varias cosas que hacen que se replantee eso de seguir cumpliendo años.

Para empezar, cambias de estado y automáticamente dejas de constar en todas las estadísticas como joven, jovenzuelo e incluso, chaval. Luego te dicen que ya estás por encima del límite y te toca trabajar, cotizar y cumplir hasta que cambies de nuevo de estado, allá cuando te jubiles (que cada vez se sabe menos cuándo será eso). Y también te das cuenta de que tienes tanto tiempo por detrás como por delante. Y da que pensar…

Recuerdo que cuando era pequeño, tuvimos que hacer una redacción en el colegio acerca de qué creíamos que iba a pasar en el año 2000, esa cifra tan redonda y preciosa. Me costó horrores terminarla porque, entre otras cosas, mi imaginación es más bien cercana, del pasado inmediato mejor que del futuro cercano y, pedirme que escribiese cien palabras sobre lo que iba a ocurrir dieciséis años más tarde se tornó en una tortura como pocas. Al final, recuerdo, mentí y plagié una novela de algún clásico, La máquina del tiempo de H.G. Wells, o alguno similar.

Hoy veintitantos años después, volvería a plagiar a alguien si me preguntan que espero del 2020, 2030 o de mis cincuenta años. No lo sé. No quiero saberlo ni tampoco quiero tratar de averiguarlo ni intuirlo. Prefiero vivirlo. Así que, sin más, nos vemos dentro de otros treinta y cinco.

Por lo demás, lo llevo bien :D.

(la magnífica foto es de kadha y está tomada prestada de su perfil de flickr y cumpliendo escrupulosamente su licencia de publicación)

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