cumpleaños

22 entradas

una docena de años

Doce años son muchos, sobre todo si tiene que ver con internet. Y doce años son los que llevo aporreando el teclado (el mismo, el torcido) para dejar historias en este blog. Algunas son mejores, muchas son citas y sólo en un puñado me permito dejar cachitos míos desperdigados. En 1607 entradas da tiempo a equivocarse, rectificar y volver a cagarla muchas veces.

Todo empezó porque tenía la idea absurda de que, si me iba a dedicar a esto de los ordenadores, internet y los servidores grandes como lavadoras, necesitaría una página web, un dominio personal donde alojarla y unas cuantas cosas más. Quería, también, escribir en la web, dejar algún texto de los que perpetraba y alguna descripción de la tierra donde me había ido, para que mi familia (y sobre todo mi madre) lo leyesen y se quedasen un poco más tranquilos.

Como la arrogancia es atrevida, la primera versión de esta web la hice yo, a mano, con mis conocimientos de html pelados (y así quedó). Para la segunda versión ya utilicé un lenguaje de programación y le rogué pedí a supereimbrous que me hiciese algo bonito con el diseño. Otro amigo, Carlos, se encargó de reservar el dominio y lo hizo de aquella manera así que el primer año todo esto estuvo alojado bajo n1mh.com. Al año, definitivamente, reservé el dominio que quería y lo moví todo aquí, al .org, al lugar de las organizaciones sin ánimo de lucro (o de las orgías, si tienes el día tonto). Tuvieron que pasar varios años para que encontrase, por puñetero azar, una imagen de las líneas de Nazca, del mono, para saber que ese dibujo que creía de un niño cuando lo incorporé a la cabecera, lo habían pintado los nazcas 1500 años atrás.

Hace algunos años, cuando dejé de ser un asturiano en Extremadura y pasé a ser un extremeño del norte, la necesidad de contar que hacía por aquí decreció y, con ella, las entradas en el blog. Es normal, me dije, ya no te pasan cosas nuevas cada día. Aún así, continué a buen ritmo, escribiendo por el mero hecho de juntar palabras. Un tiempo después abrí otros blogs, temáticos, para no mezclar mucho. Los cuentos, en cuentascuentos.org; las cosas de linux, en debianhackers.net; los relatos más largos en el extinto Taller de las palabras; los textos del Savoy en historiasdelsavoy. No pasaba nada, todo seguía igual pero más ordenado. Así no tenía que comenzar las entradas de linux con un aviso para mi madre, indicándole que ni se molestase, que volviese otro día.

He releído lo que llevo y escrito y mismamente parece una entrada de despedida, de esas que escribes cuando vas a cerrar un blog. Nada de eso. Simplemente me he puesto a recordar qué me llevó a mantener un sitio así durante una docena de años. No tengo una respuesta clara, sobre todo si tenemos en cuenta que, cuando en 2004 decía que tenía un blog muchos pensaban que se trataba de una enfermedad rara e incurable. Fue algo así como lo de Forrest Gump, que un día te pones a correr y cuando te quieres dar cuenta has ido y vuelto tres veces de costa a costa. He tenido casi una docena de blogs y este, el sueño del mono loco, el primero, el primogénito, estará mientras yo esté. Sencillamente no sé abandonar a los amigos.

¡Feliz duodécimo cumpleaños, mono!
(y a por otros 12 años)

XL

Hace un año jota me advirtió que empezase ya pensar en la tontería del siguiente cumpleaños. Son los cuarenta, dijo, empieza la crisis de la mediana edad y tienes que tener los deberes hechos. Cómprate un deportivo, una moto de Ángel del Infierno o preparate para ser el representante olímpico de biatlón. Haz algo grande, loco y no mires atrás. El bueno de jota, pensando y planificando a un año vista nuestra crisis de los cuarenta.

Y llegó. Hoy cumplo cuarenta años teniendo la extraña sensación de que me sobran veinte, que la cara del tipo del espejo no ha cambiado desde 1996 y mucho menos la mentalidad. Porque parece que me muevo y actúo según los parámetros de entonces, los de un veinteañero que aún no se ha percatado de que no es inmortal ni dispone de todo el tiempo del mundo. Estoy prácticamente seguro que hasta respondería lo mismo en alguna de esas encuestas rápidas de revista que evalúan tu nivel emocional y estoy seguro, también, de que no serían las correctas.

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Huelga decir que sí he hecho mi pequeña contribución a la merecida fama de la crisis de los cuarenta y desde hace una semana luzco un tatuaje en mi antebrazo. Eso sí, la coherencia me alcanzó para negarle la mayor al tatuador que pretendía hacerlo de lado a lado del brazo, como aquellos de Camaron que arrasaron en los ochenta y noventa. Mi madre, que a la hora en que se publique esto estará de viaje a Mérida, aún no lo sabe y, precisamente ahí radica la locura y puede que no cumpla los cuarenta y uno :).

PD el título no es la talla de camisa que gasto. Una pista: numeración romana.

hace una década

Hace una década, cuando empecé a escribir El sueño del mono loco, se hablaba de bitácoras y weblogs porque blog se confundía a menudo con bloc y resultaba confuso andar explicándose. ¿Cómo le cuentas a alguien que tu diario, en vez de dormitar en el fondo de un cajón, seguro y protegido de miradas ajenas, esta publicado en internet donde cualquiera puede ojearlo y hasta comentarlo?

Hoy se cumplen diez años de aquel primer día y aunque la intensidad de publicación ha bajado, las ganas de mantener al mono con vida continúan. Han sido 1567 entradas y mas del doble de comentarios lo cual indica que por muy vago que sea siempre habrá alguien animándome, invitándome a seguir.

Y es que lo que empezó como una forma de publicar mis pensamientos se ha tornado más hacia una vía de comunicación con la familia y los amigos. El tiempo pasa y el uso que le doy al blog cambia. De la urgencia y las ganas de contar todo cuanto me pasaba he cambiado a usar este hueco como un espacio donde contar aquellas cosas que verdaderamente me importan.

Así que… ¡larga vida al mono loco!