aniversario

7 entradas

hace una década

Hace una década, cuando empecé a escribir El sueño del mono loco, se hablaba de bitácoras y weblogs porque blog se confundía a menudo con bloc y resultaba confuso andar explicándose. ¿Cómo le cuentas a alguien que tu diario, en vez de dormitar en el fondo de un cajón, seguro y protegido de miradas ajenas, esta publicado en internet donde cualquiera puede ojearlo y hasta comentarlo?

Hoy se cumplen diez años de aquel primer día y aunque la intensidad de publicación ha bajado, las ganas de mantener al mono con vida continúan. Han sido 1567 entradas y mas del doble de comentarios lo cual indica que por muy vago que sea siempre habrá alguien animándome, invitándome a seguir.

Y es que lo que empezó como una forma de publicar mis pensamientos se ha tornado más hacia una vía de comunicación con la familia y los amigos. El tiempo pasa y el uso que le doy al blog cambia. De la urgencia y las ganas de contar todo cuanto me pasaba he cambiado a usar este hueco como un espacio donde contar aquellas cosas que verdaderamente me importan.

Así que… ¡larga vida al mono loco!

X

Estaba metiendo en cajas las cosas que creía importantes y, viendo la congoja de mi madre, intenté tranquilizarla diciéndole «tranquila, que en un año o dos estaré otra vez por aquí». Al día siguiente, lunes, cargué el coche con mi maleta azul, indo y dos cajas de folios llenas de libros, apuntes y cacharros y emprendí rumbo al sur, a un sitio desconocido y donde no tenía amigos: Badajoz.

Hoy, 2 de junio de 2013 hace diez años de aquel viaje y sigo en Extremadura.

Han pasado muchas cosas en estos diez años, buenas, malas y de las otras pero todavía no me he cansado completamente. Tengo la enorme fortuna de haberme cruzado desde el primer día con alguien, eme, a quien cayó bien aquel chiflado que venía del frío y lluvioso norte y con quien ha podido crear una familia. Porque aunque suene raro, lo que nosotros tenemos es un núcleo familiar que está compuesto de dos bípedos, tres plantas y un pitufo vaquero de plástico. Y a mantener ese núcleo familiar dedicamos todos nuestro esfuerzos.

Si que noto que la edad y la distancia hacen mella en el ánimo pero, a estas alturas, mi meta está en seguir celebrando segundos de junio mucho tiempo. Aunque no termine de amoldarme del todo a este duro clima que convierte la provincia en un desierto seco y amarillo nueve meses al año.

nueve años de sueños con un mono loco

El sueño del mono loco, como blog, cumple hoy nueve años desde que publiqué, allá por 2004, la primera entrada contando mi búsqueda de piso por Mérida.

Day 9

Y digo del blog porque el dominio, n1mh, ya ha cumplido la década, primero bajo el amparo de las compañías debido a un error de comunicación con karlos (n1mh.com todavía se puede ver en archive.org) y un año después, ya junto a las organizaciones.

Han sido muchas cosas las que han ocurrido desde entonces, demasiadas para siquiera hacer una lista, y casi siempre he tratado de contarlo aquí. Al principio, para que la gente que dejé en Asturias supiera de primera mano en qué andaba metido y después, porque añadir la etiqueta de escritor o blogger incrementa mi ego exponencialmente. En este tiempo me he sentado a escribir más de mil quinientas entradas que, sorprendentemente, han recibido la friolera de dos mil noveciento ochenta y un comentarios.

De momento, y para alivio de mi señora madre, no estoy cansado y no tengo intención de dejar de lado el blog pero es cierto que desde hace unos años para acá no mantengo el mismo ritmo de publicación. Supongo que es debido a dos factores: el tiempo de la novedad, ese en que todo era nuevo y sorprendente para mí, ha pasado y me aburre tener siempre el mismo discurso; y, aunque parezca mentira, la puta crisis que deja una pátina de mierda y desilusión en todo lo que toca, incluídos estados de ánimo y fuerzas. Las musas, esos puñeteros seres etéreos son crueles pero se mantienen fieles, por suerte.

Espero que en la entrada de dentro de un año haya cambiado bastante de discurso.

un año del podcast de daboblog

Hace una año recibí un correo de dabo con el sugerente asunto de Proposición indecente xD. Era la llamada de un culo inquieto (con cariño, bro) para que me subiese en marcha a un proyecto que me ilusionaba y aterraba a partes iguales. Ilusión porque me encanta la radio y siempre había soñado con participar con alguna aparición en Radio5. Y terror porque no estaba (estoy) acostumbrado a hablar en público y mi hiperatrofiado sentido de la vergüenza podía jugar malas pasadas. Probablemente había más de lo segundo que de lo primero. Pero si algo tiene dabo es tozudez (again, bro ;)) y venció mis miedos hasta que ya no quedó más opción que salir a antena.

Así que hice lo único que podía y sabía: preparar hasta la nausea mi primera aparición en el podcast. Esquemas, mapas mentales, documentación, wikipedia… recuerdo aquella primera grabación con imágenes borrosas y sudores, como si en vez de en el despacho de casa estuviese en la cama con fiebre. Un par de grabaciones después, dabo me envió un correo de un oyente donde decía que, afortunadamente, me había relajado y ya no sonaba tan encorsetado. Ese día tomé la decisión de prescindir de mapas mentales y esquemas y únicamente documentarme.

Ha pasado un año y ni me he dado cuenta. He tenido que leer esta mañana el anuncio oficial del jefe/editor/productor para darme cuenta de lo rápido que ha pasado el tiempo en este proyecto. Y, al igual que dabo en su entrada, quiero agradecerle el esfuerzo a todos los que nos siguen y nos preguntan, por el impulso y los ánimos y a mis compañeros de podcast (los fruteros y los linuxeros) por las horas de conversación y los conocimientos adquiridos. Y que dure, por supuesto, muchos años.

seis años de salivas, cinismos, locuras y deseos

La primera entrada de este blog data del 11 de mayo de 2004, hace ahora exactamente seis años. Por aquel entonces hacía más de un año que tenía algo parecido a un hosting donde alojar mi web pero, no sé porqué, recurrí a blogspot para crear mi bitácora. Eran lo último en esa cosa incipiente llamada blogs que no le sonaba a nadie.

En estos seis años me ha dado tiempo a aprender algunas cosas nuevas, a sentirme perdido, a encontrarme de nuevo y a pasar alguno de los peores días de mi existencia. Probablemente, si busco un poco encontraré una entrada de cada uno de estos momentos pero, precisamente hoy, no me apetece mirar al pasado.

Todo lo contrario y por eso espero, para el futuro, no perder las ganas de escribir aquí, donde se podría decir que he aprendido. También espero que quien lee estas líneas ahora siga ahí durante, al menos, otra docena de años más, para que esta extraña sensación de disfrute siga siendo mutua.

Nos leemos.

cincuenta años de minis

En estos días se cumplen cincuenta años de la fabricación del primer Mini Cooper, esos coches pequeños, ligeros y que parecían una caja de zapatos. Mi padre tuvo uno durante unos años y, aunque yo era muy pequeño, guardo un par de recuerdos claros, como el diámetro de aquellas ruedas, el mismo que las de mi bicicleta, y la tapicería de plástico en la que mis piernas (cortas, lampiñas), se quedaban pegadas en verano por obra y gracia de unos pantalones cortos que aborrecía.

Mini Cooper
Mini Cooper

Aquel coche, pequeño, amarillo y potente, que andaba a un palmo del suelo, subía por paredes y nos llevaba a todos, a los cuatro, con miles de cosas, la tienda de campaña y los víveres para varios días, sin perder la compostura, aguanto varios años al exigente servicio de mi familia. Al final, el coche se quedó pequeño, más pequeño de lo que era, y hubo que buscarle un sustituto, un renault 5 azul que encaneció hasta quedar gris, tras haberse recorrido medio mundo.

eme se rie de mí porque dice que tengo una costumbre extraña, que le pongo nombre a los objetos inanimados, como si tratase de darles una personalidad o un carácter humano que, obviamente, no tienen. Puede ser, es posible que hasta sea peligroso pensar de esa forma pero, lo cierto es que me ayuda a recordar unas cuantas tonterías de un coche en el que me monté por última vez hace más de veintiseis o veintisiete años. Cuestión de prioridades, imagino.

Nota: estoy dudando con el color del mini. Creo que no era amarillo, sino naranja. La prueba eran los ganchos de goma negra que cerraban el capó, que los recuerdo recortados contra un color anaranjado. ¡Da igual! Mañana sé de alguien que se encagará de sacarme del lio…