al mundo le quedan dos días

Fue no hace mucho, unos cuantos días nada más. Desde entonces sé que al mundo le queda poco más de un mes y que la crisis ha empezado a golpear a todo el mundo. El azar quiso que fuésemos compañeros de manada, de uno de esos grupos que se forman a la entrada de la tienda y con los que compartes todo el recorrido, te guste o no. Un pijo clásico, de manual, recorría el pasillo a un par de metros de mí.

Aquel hombre recorría el circuíto de carreras que es la exposición de Ikea con el ánimo de un condenado, con sus bermudas, sus naúticos, su jersey primorosamente anudado al cuello y la gomina, toneladas de gomina que hacían de su cabello un casco. Su mirada perdida y ausente, recorriendo cada uno de los estantes y su expresión de cordero camino del matadero, conseguían transmitir toda su preocupación en un instante. Estaba completamente desubicado.

Cada curva del recorrido, cada mueble de diferente color y cada etiqueta tamaño XXL pertenecían a otro mundo, a un lugar lejano y gris donde no habitan las texturas marrones y suaves de Burberry’s y donde el caballo de Ralph Laurent había perdido la batalla con un corazón rojo que tiene brazos. El mundo al revés.

Un sitio barato, eso sí, que por algo estamos en crisis pero feo, muy feo, donde el lujo muere al pie de la escalera de entrada y todo está poblado de objetos con nombres imposibles, impronunciables y abyectos que le quitan todo el glamour. ¿Cómo puede uno presumir de tener un Lillagen o un Asperlund? ¡Ni tan siquiera suenan bien!

Un instante antes de perder de vista al pijo, me pareció oírle gritar ¡¡Louis Vuitton, ¿por qué me has abandonado?!!

Comparte este/a entrada

8 ideas sobre “al mundo le quedan dos días”

Los comentarios están cerrados.