cliente de Arsys

Hace unos meses, tras bastante batallar con la mitad de los operadores de ADSL del país (de la otra mitad no quiero ni tener noticias), Orange nos puso el acceso a Internet en casa, un canuto de veinte meigas de vellón que tenían que dejarnos boquiabiertos y mareados cada vez que accediésemos al correo electrónico. Pero esto sigue siendo la Españaza de siempre y, de los veinte megabites que pagamos, únicamente nos servían dos y con bastantes dificultades, ya que rara vez alcanzaban y mantenían dicha velocidad. Como se trataba de una oferta con fecha de caducidad de tres meses y el plan contratado nos traía más cuenta que realizar un descenso de velocidad, pensamos en cambiar el plan una vez finalizase la oferta y contratar entonces un ancho de banda que tuviese algo que ver con lo que pagamos.

Uno suele ser precavido en estos asuntos de tecnología y más si hay empresas tecnológicas de por medio, así que comencé a llamar quince días antes de que caducase la oferta en vigor para evitar, precisamente, que me colasen alguna factura non grata. Al principio, como no, me topé con un par de caídas de los sistemas informáticos en el call center pero, en la tercera llamada al 902 me hicieron la gracia.

El hombre que me atendió, muy correcto (tienen estómago, lo reconozco), escuchó mi petición de cambio de producto y me pidió los datos para identificarme. Después, muy serio me dijo que no podía hacer nada porque en su aplicación yo constaba como cliente de Arsys. Le expliqué que sí, que había sido cliente de Arsys cuando se metieron en el mundo de las ADSL, tres años atrás pero que vivía en otra ciudad y tenía otro número de teléfono. De hecho, desde el escarceo digital con Arsys, habían pasado dos ciudades, tres viviendas y dos números de teléfono, todos ellos diferentes. Como si nada. El tipo leyó Cliente Arsys en grandes letras doradas y nuestra conversión terminó. Se limitó a darme el número de teléfono al que debíamos llamar la gente de Arsys.

Por supuesto, llamé al instante al número que me facilitó y le expuse mi caso a un solícito y eficaz tipo que me explicó que sí, que esos casos los llevan ellos y que no, que no constaba en ninguna base de datos como cliente suyo y que en Orange debían tener un lio de cuidado. Le pedí que actualice la ficha para que constase que no era su cliente y, tras desearme suerte, colgué. En la nueva llamada a Orange, me coge la llamada una chica que, tras asegurarse que yo era quien decía ser se topa de morros con el cartel de ‘Cliente de Arsys’. Le vuelvo a comentar la jugada, distinta ciudad, distinto número, distinto sexo pero no sirvió de nada, debía volver a llamar a Arsys. Como ya estaba más que cansado, le pedí el número de teléfono donde darme de baja y me respondió que era el mismo de Arsys, que al ser cliente suyo debía darme de baja con ellos.

Durante las siguientes dos semanas he estado haciendo dos cosas: reponerme de la experiencia y buscar otro operador que pueda darme servicio de ADSL en casa. Finalmente, cuando todas las decisiones estaban tomadas y había un ganador, me dió por intentarlo una vez más, más que nada por saber qué se siente al tropezar cinco veces con la misma piedra, cuando ésta se llama Arsys.

Ayer, en una sola llamada que duró tres minutos, un tipo alegre y de buen caracter, me cambió de plan en Orange sin mencionar la palabra Arsys. Todavía no me lo creo.

Nota: cuando ya tenía ultimada una entrada que tiene que ver con Orange y su departamento de atención al cliente, El roto publica este chiste en El País del viernes dos de febrero y, sinceramente, tengo la impresión de que me ha leído el pensamiento.

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