de tormentas y regalos

En el fin de semana de la ciclogénesis explosiva, también conocida como Xynthia, cuando todas las voces autorizadas pedían que no se saliese de casa, que no se cogiese el coche y, sobre todo, que no se cruzase la península de sur a norte, nosotros hicimos exacta y puntualmente todas y cada una de las prohibiciones. Hacía semana y media que sabíamos que íbamos a subir al norte y ni todas las Xynthias nos quitarían la idea de la cabeza. Al final, Xynthia se quedó, al menos en Asturias, en algo anecdótico y fútil, más cercano a la implosión que a la explosión que tan malos augurios daba su nombre. De la borrasca perfecta nos quedamos con el buen tiempo, el calor y un viento que daba mucho juego para las fotografías.

De este viaje exprés a la tierrina hay, afortunadamente, un puñado de cosas buenas con que quedarse, desde la clásica saturación de alimento en tandas pantagruélicas de comida y cena, hasta los saltos con mortal adelante de mi sobrino. Pero, de todo lo que se puede contar, lo más divertido es un regalo que le hice a mi abuela, a güelita. Con la llegada de la TDT obligatoria y el fin de los canales analógicos, me encargué de buscar e instalar un decodificador en su casa. El cacharro que compré cuenta con un puerto USB donde poder conectar una memoria y reproducir video, música o visionar fotos así que, de paso, le regalé una memoria USB de 8 GB. «Es como tener ocho MP3 como el tuyo, en un mismo aparato y poder escucharlo a través de la tele», le dije. Y allí se quedó, con su disco USB y pensando en toda la música que puede meter.

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