bancos

4 entradas

los jovenzanos y los bancos…

20081023elpepivin_1

Forges, en ElPais.com.

Hasta hace un año, los bancos casi te suplicaban que te llevases uno de sus créditos. Sirven para todo, decían, para comprar ese ordenador que te guiña el ojo desde un escaparate, para el cuatro por cuatro macarra y caro con el que tienes sueños húmedos cada noche o, si se tercia, para pagar la comunión hortera y de cuento de hadas trasnochadas de la niña. Sólo tienes que firmar aquí, aquí y aquí y jurarnos por Snoopy que serás bueno y nos devolverás la pasta más un pellizquito.

Hoy, con el viento de proa que hay, han decidido no prestarnos nuestro dinero. Así, en frío, suena feo pero es lo que hay. La idea es la siguiente: uno tiene la pasta, las tarjetas y los recibos en un banco, el Banco Jones, por ejemplo. Treinta años guardando cada moneda con los mismos señores, viendo como usan mi pasta para jugar al Monopoly sin poder decir ni mu y siendo cuidadoso con los descubiertos, los plazos y demás historias que tiñen de rojo el honor y el nombre. Pero llega el día en que les dices que les toca hechar un cabo, que ahora dios está apretando y necesito un crédito y, entonces, se miran el ombligo y te dicen que no. Es que hemos reconsiderado nuestras prioridades, el mercado no fluctúa, las gónadas me tiran de sisa, etcétera… Por eso nunca me terminaron de gustar los bancos, ni las aseguradoras, ni cualquier que, tras jugar con tu dinero durante un tiempo, te niegue la mayor.

entrégale tu dinero al banco

Dicho de otra manera: lo bueno de domiciliar la nómina para un joven de veintipocos años, o para una pareja de esa edad que decida plantearse una vida en común, no reside en que así puede uno amueblar la casa, comprar un coche para el trabajo ?el folleto habla de «coche nuevo», no de uno a secas? o adquirir lo necesario para encarar la perra vida. Niet. Lo verdaderamente bonito del invento es que, entregándole la nómina a un banco, puedes entramparte como un gilipollas para los próximos diez años de tu existencia, a fin de comprarte una moto o irte a beber piña colada las próximas navidades al Caribe, como Leonardo di Caprio. Guau.

La historia continúa en la última columna de Arturo Pérez-Reverte, entrámpate, tio.

arturo perez-reverte, columna, bancos, citas

cuando canta la gorda…

Según Groucho Marx, la ópera no acaba hasta que no canta la gorda. Pues bien, la gorda ha cantado esta mañana en Mérida y eme y yo somos los orgullosos propietarios de una hipoteca a treinta años.

He puesto esta entrada en la categoría de humor por la cara que se me quedó al escuchar al señor notario decir que no sabremos lo que es tener un piso hasta el año dos mil treinta y seis. ¡Dos mil treinta y seis! Sigo prefiriendo el término treinta años, es menos agresivo.

vivienda, piso, burbuja, inmobiliaria, bancos, hipotecas