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Quito para principiantes

Disclaimer

Esta es una entrada larga como pasarse doce horas metido en un avión donde sólo ponen musicales. Está basada en hechos reales y opiniones personales (las mías) y es plénamente subjetiva. Las opioniones, al final.

¿Por qué?

Esta entrada es el resultado de una broma que le gasté a uno de mis compañeros en este viaje laboral a Quito, Ecuador. Le dije que debería hacer una guía de la ciudad para novatos, porque pensaba en la gente que, tras nosotros, tendrá que pasar por esta ciudad estrecha y larga situada en los Andes y en la cantidad de desinformación que hay sobre ella. Porque, reconozcámoslo, muy pocos ubican correctamente a Ecuador en un mapa o saben cual es el objeto más importante que deben traer. Ese era yo hace sólo veinte días.

El Ecuador y el sol

La República del Ecuador recibe su nombre porque está situada en la línea del Ecuador, en la latitud 0. Al estar en el punto más cercano al sol, los días comienzan a las seis de la mañana y terminan a las seis de la tarde, sin cambios horarios un par de veces al año ni nada parecido. En las horas centrales del día el sol es vertical (tan terriblemente vertical, que en los solsticios no hace sombra durante unos minutos) y como estamos situados en el punto más cercano a nuestra estrella, el objeto más importante que se debe traer es un bote grande de protector solar, de factor superior a 50. Es un punto difícil de encajar, sobre todo a los que ya «se nos ve el cartón», pero más vale prevenir.

Resulta curioso visitar alguno de los museos de La Mitad del Mundo, donde explican gráficamente la importancia del ecuador y que ya los indígenas anteriores a los quitos sabían de ello. Al parecer, construyeron un tótem en lo alto de una montaña para marcar el lugar por donde discurre la línea ecuatorial, basándose en calculos que hicieron con el sol y las montañas. Muchos siglos después llegaron los franceses intentando calcular la misma línea con aparatos y conocimientos modernos y también hicieron su marca. Resulta que el tótem indígena es ligeramente más exacto que la marca francesa. Durante la visita a un museo de la Mitad del Mundo, donde tienen calculada la latitud 0 mediante GPS, Segundo, el chófer de confianza que he tenido aquí, me hizo notar que si seguía la línea roja pintada en el suelo hacia el horizonte vería, perfectamente alineado, el tótem indígena en lo alto de una montaña no muy lejana. Todavía me dura la risa floja…

La climatología

El clima es otro motivo de sorpresa. Antes de montarme en el avión estuve mirando periódicamente varias webs meteorológicas para hacerme una idea de que tiempo esperar y adecuar la ropa a traer. Pues bien, no funcionó. Al llegar me enteré que el clima es bastante estable en la ciudad de Quito y que incluso ahora que estamos en invierno, las temperaturas no bajan de 6-8 grados y no suben de 20-22. Como además, el calor empieza a aparecer a partir de las diez de la mañana y las lluvias se presentan en forma de tormenta sobre las cuatro, dudas si salir a la calle en bañador y chanclas.

Rainy night

Una foto publicada por Diego Martínez Castañeda (@n1mh_org) el

Personalmente traje, además de la ropa de faena (porque no olvidemos que vine a trabajar), vaqueros, camisetas frikis (soy lo que soy…), botas de monte blandas y un forro polar. Supongo que debía dar la risa ver como cambiaba la corbata y las americanas por Bender y las botas de monte. Lo bueno es que como a partir de las cuatro de la tarde llovió la mayoría de los días, resultó ser el atuendo adecuado. ¡Ah! como accesorio principal añadía un paraguas verde y grande, cortesía del hotel, porque aquí he descubierto el significado de las palabras tormenta tropical.

Quito

Quito es una ciudad estrecha y larga (5 km x 50 km), situada sobre una falla tectónica en medio de los Andes. Con una presentación así, ¿quién no querría venir aquí?

Para mi es, además, la ciudad más caótica y poblada que he conocido. Aunque me he movido exclusivamente por las zonas verdes (lo de delimitar las zonas de las ciudades con los colores de los semáforos da para otra entrada), he atravesado algunas zonas de otros colores en taxi y la sensación de agobio por la cantidad de gente y vehículos alrededor, iba en aumento. No voy a ser cínico: no he estado cerca del verdadero quiteño ni en pintura. Tanto el centro de Quito como el barrio en donde me alojaba (cerca de la Avenida de la República del Salvador) son seguros y tranquilos, con policías cada pocos metros y con un nivel de vida medio-alto, tanto que en la avenida posterior hay dos ministerios y varios hoteles de postín. Me contaban que, por el contrario, los barrios más desfavorecidos no se parecen en nada a este oasis por el que me he movido y que las visitas a éstos no suelen terminar bien.

Sunset

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Además del ruido, los coches por todas partes y la gente inundándolo todo ha habido algo que me ha sorprendido muchísimo: la amabilidad y educación de las personas. Da igual el estrato social, no importa sobre lo que hables, todo aquel con que me he cruzado fue extremadamente amable y hasta cariñoso en el trato. De hecho, me he llegado a sentir como un bárbaro de modales grotescos. Para alguien como yo que lleva años hablando más con ordenadores que con personas, saludar y dar los buenos días a cualquiera con quien te cruces es una experiencia nueva y desconcertante. Y no digo nada de diferenciar entre «Buenos días», «Buena mañana», «Buenas tardes» y «Buenas noches». ¡Y un saludo por persona y cruce! A ver si vamos a ir de rácanos. Bajando al cráter del Pululahua hablamos unos diez minutos con una mujer mayor que ascendía el volcán con parsimonia y que nos estuvo contando cómo es vivir en un crater. Fue una charla amigable y sentida donde nos contó que tiene agua corriente y electricidad (¡en un cráter con fumarolas activas!) y que lo prefería a la capital, donde hay mucha gente y mucho ruido. Lo dicho: me sentía un bárbaro por momentos.

La comida

Una parte importante de un viaje es la comida y, como buen hedonista, me he dedicado a probar todo lo que caía cerca de mí, por muy raro que fuese. Ecuador tiene una gastronomía rica porque tiene muchos recursos naturales. De hecho, se divide en tres zonas:

  1. la zona de selva, al oriente y con la selva del Amazonas.
  2. la zona de sierra, de arriba abajo y con los Andes.
  3. la zona de costa, con el océano Pacífico.

Ceviches

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Se puede decir que tienen un poco de todo y en abundancia. Así que todo lo que lleve frutas, los platos basados en pescado (el cebiche que tanto desagrada a jota) y la carne de cuí o ganado suelen ser típicos y estar bien. Otra cosa es que seamos de estómago delicado y no nos guste seleccionar el cuí que te van a cocinar (o que aquí en España se conoce como conejillo de indias y sea un roedor), que algunas frutas parezcan rellenas de renacuajos o que el cebiche de pescado es un sushi con mucho limón. Todo eso son detalles que, con el tiempo, aprenderemos a apreciar (probablemente).

En caso de que todo lo anterior suene desagradable, en Quito hay suficientes locales franquicia como para no necesitar arriesgarse con la comida local. No hay nada cómo la clásica comida mediterránea de McDonald’s ;).

La web del ministerio

Si, como yo, has cometido el error de visitar la web del ministerio de exteriores antes de salir de viaje, mal hecho. Si, además, tu pareja, familia o tu madre lo ha hecho, mejor cancela el viaje. Entiendo que tengan que cubrirse las espaldas con el tema de la seguridad personal y admito que algunas cosas que comentan sí son importantes y deben ser tenidas en cuenta. Pero hay otras que, en mi opinión, son un simple y llano descargo de responsabilidad. Una forma de decir que estás sólo si te pasa algo. Y tampoco es así…

Transporte

Hay muchas formas de moverse por Quito pero, debido a que las distancias no son pequeñas, se suele recurrir a los autobuses o los taxis. He leído que hay tres tipos de autobuses, dependiendo del nivel adquisitivo de los viajeros, que condicionan el nivel de ocupación del vehículo. Pero, tras escuchar que cada vehículo es propiedad del conductor y que se encarga de coger a cuantos viajeros encuentra para obtener más beneficios y, sobre todo, tras verlos en acción, con las puertas abiertas y gente apiñada dentro, haciendo equilibrios para no caerse, decidí que me movería en taxi. Y esa es otra. En tres palabras: taxi de confianza. Es uno de los puntos válidos de la web del ministerio porque los taxis sí que pueden darnos un susto e incluso terminar en un secuetro exprés con robo incluído. Por norma general, se suele solicitar que te llamen a un taxi allá donde vayas y esos suelen ser de confianza. Coger uno en la calle, levantando el brazo y con pinta de turista perdido es la peor de las ideas. En mi caso conté con Segundo como taxista de confianza y, además, resultó ser un estupendo conversador y guía cuando me aventuré a hacer turismo.

El pichincha

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Comunicaciones (no sin mi móvil)

No tenía pensado estar sin internet en el hotel pero, además, la idea de no llevar conexión en el móvil me retrotraía a los años Nokia (ya tu sabe;)). Me dejé aconsejar por una persona que lleva allí varios años y compré una tarjeta prepago de la compañía Claro (7$). Con una pequeña recarga de cinco dólares más se puede activar el servicio de datos y tener internet (y Whatsapp, e instagram, y twitter y todas esas pequeñas cosas sin las que no somos nadie) en el móvil. ¡Eso sí, el saldo bonificado que dan no sirve de nada! Sólo se usa una vez gastado el saldo normal y sólo para llamar a usuarios de la misma compañía y como tengo tantos amigos allí…

Turismo

Los viajes laborales ráramente te dejan tiempo para hacer turismo pero en esta ocasión sí que tuve un par de días para dar una vuelta y conocer algo más de Quito.

El primer sábado nos fuimos al Panecillo y al centro histórico. El primero es un cerro o colina, de más de 3000 metros de altura que está situado enmedio de la ciudad de Quito. Se da la paradoja que los quiteños llaman lomitas a las montañas que rodean la ciudad, alguna de las cuales tiene más de 4000 metros de altura. Es por eso que se considera casi un cerro. Desde el Panecillo se tiene una buena vista de ambas partes de la ciudad, sobre todo del centro histórico que está situado a sus pies. Lo corona una estatua de, atención, una virgen cristiana alada sometiendo a un dragón.

San Francisco

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La segunda parte de la mañana la pasamos en el centro histórico o, más concretamente, atascados en el taxi y dando vueltas en busca de un parqueadero con plazas libres. Finalmente, nos bajamos del coche y nos fuimos al centro, a la plaza de San Francisco, desde donde recorrimos el resto del centro. Resulta chocante con respecto al resto de la ciudad por lo ordenado y cuadriculado de las calles. En comparación, el resto es puro caos arquitectónico. Pero es bonito e interesante visitar las iglesias, catedrales y basílicas (tienen un poco de todo) y admirar el uso intensivo del pan de oro. Mi impresión es que las congregaciones competían en adornar el interior del edificio con ese metal para ser mejor que los demás. Cuantos más kilos, méjor congregación.

El centro es un recorrido obligado, en mi opinión.

El segundo sábado me fui con el taxista (¡un saludo Segundo!) a visitar volcanes. Subimos a los 4300 metros de altitud del Pichincha y bajamos al Pululahua, que tiene un cráter habitado y con una fumarola activa. Si, es pequeña pero es una fumarola. Yo sigo buscándole el significado. Y al final visitamos la Mitad del Mundo, el ecuador.

Tocando el cielo de Quito

Un vídeo publicado por Diego Martínez Castañeda (@n1mh_org) el

El primer volcán fue increíble porque estando tan alto ves a los aviones desde arriba. Además, el paisaje andino es espectacular y, en cuestión de minutos, el tiempo cambia de un sol radiante a una lluvia densa. Eso sí, cualquier esfuerzo se paga con una fatiga intensa y persistente o, peor aún, con mal de altura. En cualquier caso, si quieres tocar el cielo de Quito, take it easy…

Bajar por el cráter de un volcán para meterte en un bosque húmedo con colibríes. Por cierto, hay gente viviendo en el cráter

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El segundo volcán, el Pululahua tenía una nube metida en el cráter y no había manera de ver nada. Aún así, descendimos un rato por el camino y pude ver colibrís y una vegetación espesa y densa como no conocía. Y de vuelta a Quito hicimos una parada en uno de los museos de la Mitad del Mundo donde te explican, por ejemplo, el efecto Coriolis de una forma gráfica.

Otros datos a tener en cuenta

  • Moneda: se utiliza el Dólar Americano ($) desde finales de los noventa. Por regla general, cualquier producto nacional es barato (comida, cierta ropa y muchos servicios), mientras que todo aquello que se tenga que importar es considerablemente caro. Por ejemplo, se puede comprar café, chocolate y frutas tropicales muy barato pero una lavadora cuesta a partir de 1.200$.
  • Enchufes: usan los tipos A y B (según wikipedia). Es el mismo tipo que en Estados Unidos.
  • El agua: reconozco que no he probado el agua de Quito y todo lo que he bebido ha sido embotellado. Sin embargo me han dicho varias personas que el agua del grifo es bastante buena, principalmente por estar en los Andes.
  • ¿Consumidor final vale?: es la pregunta que más oirás por Ecuador y tiene un motivo sencillo: el IVA se repercute directamente al realizar la compra. Cada ecuatoriano tiene un número fiscal identificativo llamado RUC que les solicitan cada vez que compra algo. En caso de que no tengas el número o no te interese desgravar el importe de la compra, dices que eres un consumidor final y listo. Es una de las frases que más he dicho, tras los saludos de buenos días, buenas tardes y buenas noches.

Bueno, más que Quito para principiantes me ha salido una entrada digna de la Encyclopaedia Britannica. Mejor así, mejor tener algo de lectura en caso de que me vuelvan a enviar allí.

Berlín, Viena, Budapest

En el tema de viajar, reconozco que soy una persona que se mueve por impulsos, por emociones. Sencillamente, decido que quiero ir a tal o cual sitio por lo que leo, lo que veo en la televisión (cine, series) y lo que me cuentan. Me gusta escuchar historias sobre sitios remotos a los que inicialmente no iría, sólo para darme cuenta que sigo lleno de prejucios y miedos absurdos. Hace años me curé casi toda esta tontería yendo solo a Londres y pensando que me encontraría con un montón de ingleses snobs, con paraguas y bombín. Al final tuve que admitir mi error y, como castigo, vuelvo siempre que puedo.

Desde que nos casamos a esta parte, eme y yo nos estamos acostumbrando a repetir ciertos patrones, año tras año. Para empezar, nos pedimos a los reyes un viaje corto, a algún sitio que esté cerca, para no pasarnos el tiempo desplazándonos. Algo tranquilo para empezar el año con calma y fuerzas. Después, al final del verano nos vamos todo lo lejos que podemos y, a ser posible, uniendo varios destinos.

En 2011 hicimos nuestra gira por el futuro (o cómo será este país en cincuenta años): Copenague, Estocolmo, Oslo y Londres. Este año, 2014, hemos hecho la gira por el pasado (la segunda parte del siglo XX): Berlín, Viena y Budapest. Y, dejando a un lado detalles como que ir de Berlín a Viena en un tren nocturno no tiene ese halo de romanticismo que se le supone, hemos vuelto a Mérida con ganas de visitar Berlín, especialmente Berlín, de nuevo.

Así que en breve comenzaré a poner listas de sitios que visitar, fotos y alguna que otra tontería que nos pasó, disfrazándola de gran aventura. Porque la mejor parte de los viajes comienza cuando se lo cuentas a alguien…

fotografías — Granada, de nuevo

Volvimos a Granada a principios de año, aprovechando el primer día festivo que hubo. Como los últimos años, en vez de esperar que los reyes magos nos traigan cualquier tontería, pedimos algo conjunto, para hacer los dos y que siempre termina en viaje. Y, puestos a elegir, elegimos regalarnos Granada, uno de esos rincones del mundo al que nunca vuelves suficientes veces.

Realejo Puerta de la Victoria

Nos propusimos hacer, además, un viaje diferente a los anteriores, más sosegado. Hemos ido tantas veces allí (ya va para diez años desde que le enseñé la ciudad a eme, con ele actuando de guía), que nos apetecía descubrir otros lugares paseando. Y, también, volver a algunos de nuestros rincones favoritos, una década después de aquellas fotos en las que salimos tan jóvenes.

torre de la Alhambra a contraluz farola

Así que tuvimos tres fantásticos días de sol y frío, de largos paseos por el Albaicín, baños árabes y cenas tranquilas en un carmen, de visita a la parte pública de la Alhambra… nos dio tiempo a recordar, a tapear y caminar cogidos de la mano y a padecer las cuestas del Realejo. Todo en una ciudad que cada día nos gusta un poco más, aunque tengamos que compartirla con los reyes magos y la marea de gente que iba tras ellos. Al final, nos parece mentira lo que tres míseros días pueden hacer en tu cabeza.

Todas las fotos, como siempre, en este set de flickr:

Actualizada: ya he puesto el set de flick. Zarpas que tiene uno :).

fotografías – París

A mediados de febrero nos fuimos cuatro días a París, la capital del país vecino, como regalo de Reyes, una de esas nuevas tradiciones que hemos ido adquiriendo. De los dos, sólo yo había pasado por la ciudad de la luz veinte años atrás, así que se podría decir que íbamos en igualdad de condiciones y conocimientos.

Torre Eiffel (VIII) blanco y negro Louvre (VII) cascos

Tras la pertinente investigación y estudio con guías de viaje, blogs y padres (más guías de viaje, mapas, comentarios, must-have, etcétera…), nos embarcamos en un avión a las siete de la mañana para volar desde Sevilla.

Sacré-C?ur (III) cantante

Aunque nos gusta, cada vez más, recorrer una ciudad desconocida tranquilamente, en esta ocasión y por el poco tiempo y lo mucho que ver, tuvimos que meternos en el pellejo de turistas y sacrificar ciertas buenas costumbres. El resultado fue que hicimos muchas fotos de la torre Eiffel (muchas, muchas), estuvimos varias horas en el Museo del Louvre, tratando de aprender algo y esquivar a los sacafotos compulsivos y compartimos Bateau Mouche con una horda de adolescentes yankis.

moulin rouge (II)

Sena

El poso y los recuerdos que quedan de esos fríos días de febrero son muy buenos aunque la vuelta fue a las tantas de la madrugada y del lunes siguiente sólo tenemos recuerdos somnolientos,

gárgolas (III)

Como siempre, se pueden ver una selección de las fotos aquí abajo:

O con más calma y sin animaciones, en este set de flickr: París 2012.

Stockholm

«Estocolmo lo componen catorce islas», me dijo eme en el avión, de camino a la capital de Suecia y no me extrañó porque todo el vuelo había transcurrido sobre lagos. Más tarde descubrimos que la mayor parte del tiempo que pasamos en la ciudad, lo hicimos rodeados de agua o, directamente, sobre ella.

panorámica de Gamla Stan desde un barco

A pesar de estar construida a caballo entre la tierra y el agua, la ciudad es inmensa y cuenta con todo tipo de comodidades para moverse. Como no, las bicicletas siempre son la mejor opción pero, también hay metro, tranvía, autobuses y taxis. A pie, si uno está en buena forma física, puede ser la mejor alternativa.

Como es la ciudad más grande de todas las que íbamos a visitar en Escandinavia, decidimos pasar más tiempo allí que en ninguna otra y reservamos cinco días casi completos. Y mereció la pena. La primera noche, dimos un largo paseo hasta el final de la isla de la Ciudad Vieja (Gamla Stan) y, de vuelta al hotel, el Ayuntamiento aparecía especialmente brillante entre el agua y las nubes.

Gamla Stan es una pequeña isla, prácticamente peatonal, que merece ser recorrida de arriba a abajo unas cuantas veces. Así, entre lluvia, restaurantes de lo más variopinto y el museo de Alfred Nobel, uno se puede encontrar tiendas de souvenir, de juguetes o de discos y libros. Pasear por la mañana de un día laboral garantiza que todos los transeuntes sean turistas (mayoritariamente chinos) y hacerlo por la noche, es garantía de tranquilidad y sosiego.

en el Palacio Real de Estocolmo

En una ciudad (y un país) donde hace cincuenta años definieron la forma de hacer los pisos del resto de Europa, con sus ventanas, su pequeña terraza y algo de jardín para que jueguen los niños, absolutamente todo está ordenado y en su sitio. Tanto es así que me extrañó que las islas no estuvieran ordenadas alfabéticamente.

Tras la segunda Guerra Mundial, el partido que gobernó lo hizo durante cerca de cuarenta años y le dio al país el concepto de estado del bienestar que abanderan hoy. En los setenta, cambió el gobierno y el nuevo jefe se encargó de continuar con las ideas del anterior. Exactamente igual que en España, donde lo primero que se ven son las guadañas. Escuchamos esta historia en el barco turístico que rodea Estocolmo y, sobre la marcha, empezamos a pensar en pedir asilo.

tiovivo muerto

Las islas más cercanas al centro de la ciudad tienen un cometido, una función. Al otro lado del museo de Historia Natural está Skeppsholmen, con el museo de Arte moderno y unas extrañas esculturas al aire libre que recuerdan vagamente a Curro, el de la Expo de Sevilla. Djurgarden, por el contrario, tiene un parque temático de casas suecas desde 1100 hasta 1850, un recinto con animales típicos del país, el museo del Vasa, un galeón que se hundió el día que lo botaron y que resulta inmpresionante y unos cuantos museos más. Gamla Stan, además, alberga el Palacio Real y el parlamento.

piedra rúnica en Djurgarden

Como estaba previsto, caminamos mucho, recorrimos una gran parte de la ciudad a pie y degustamos algunas de las delicias locales, unos arenques crudos en varias salsas con sabor a Baron Dandy, que volvieron a conseguir que eme pusiera cara de asco durante una cena completa.

Aún así, para tratarse de una ciudad prácticamente desconocida y de la que apenas tenía referencia (ABBA no cuenta como tal), volvería para quedarme sin ninguna duda.

Copenhagen

Tengo cierta tendencia a evocar mi infancia y todo lo que allí sucedió para explicar ciertas acciones en el presente y, una de las más claras, fue viajar a Dinamarca. Además de las galletas danesas y los cuentos de Andersen, la imagen que arrastraba desde hacía años era la de una pequeña estatua de bronce de mirada melancólica, que mira al horizonte desde el puerto de Copenague.

la sirenita (I)

Y no defraudó, la verdad. Ni la estatua de la sirenita, ni el resto de la ciudad. Es muy posible que, al ser la primera escala del viaje, todavía arrastrásemos el complejo de españolitos con nosotros y todo nos pareciese más grande, más bonito y más brillante que cualquier cosa que viésemos en España. Pero ese complejo no se fue en todo el viaje. Todo en esta ciudad estaba diseñado pensando en el uso y la función que tendrían. Y todo era bonito y fácil de usar.

bicicletas familiares

Lo que probablemente no esperaba y me impactó de lleno fueron las bicicletas. Creo, y esto es algo completamente subjetivo, que cada danés debe tener tres o cuatro bicis porque es la única manera en que me salen las cuentas. Era, además, una delicia ver a tanta gente montando en bicicletas de todo tipo, formas y estados, acompañados, con críos y con plataformas en la parte delantera para poder llevar cajas o más gente. Daba igual el estado de la bici mientras anduviese y había alguna que no te llegabas a explicar cómo podían moverse. El ayuntamiento también tiene sus propias bicis que cualquier puede usar y, aunque al principio nos dieron un poco de miedo porque no tienen freno y la forma de detenerse en pedalear hacia atrás, al final terminé cogiéndoles el truco. El sistema de alquiler es sencillo, como el de los carros de supermercado, sólo hay que tener una moneda de veinte coronas y desbloquear el candado. Lo difícil es encontrar una bicicleta libre.

panorámica de Nyhavn

Teníamos idealizados a los escandinavos como fríos y distantes (y altos y rubios :)) y el choque fue brutal. Pocas veces he visto gente tan amable y dispuesta a ayudarte sin esperar a que pidas auxilio. Un ejemplo: al aterrizar me pegué con una máquina para comprar los billetes del tren a Copenague y compré cuatro tickets en vez de dos. En la ventanilla de asistencia, una señora enorme y con una sonrisa del mismo tamaño sólo dijo “y sí querías dos, ¿por qué has sacado cuatro?” antes de estallar en una carcajada y devolverme el dinero sobre la marcha. Ni reclamaciones, ni malas caras ni largos procesos en los que parece que, más que el importe de un par de billetes, te están devolviendo el PIB de algún país pequeño.

Y luego está ese pequeño detalle del civismo y la educación. Ahora sé que allí sí tienen de eso y que aquí, nosotros, sólo creemos saber qué es. Puede sonar duro pero, ¡qué coño!, he tenido la sensación de haber viajado al futuro cincuenta años y ahora estoy curando la decepción posterior.

Y, para terminar, una curiosidad: no todo en la cocina local es maravilloso. Muchos platos lo son, de verdad, pero en ocasiones uno falla en la elección. Y sino, sólo hay que pedir un Steak tartar. Una delicia.