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VIII Photowalk Retratos por piruletas

El VIII Photowalk Mérida lo tenía todo para fracasar: un tema complicado, «retratos por piruletas» porque hay una interacción con gente desconocida y por los miedos que ésta lleva asociada; una convocatoria un año después de la última reunión que auguraba poca participación; y hasta el cambio de trabajo hizo que no pudiera hacer lobbying de la forma continuada (y pesada) de otras ocasiones. Pero con todo en contra, se celebró. Y resultó, hasta la fecha, el photowalk más complicado de llevar a cabo y también el más satisfactorio.

El tema elegido es difícil de aplicar en Mérida porque es un sitio demasiado pequeño y estos experimentos modernistas no convencen. No es lo mismo hacer retratos en el Parque del Retiro que el el Puente Romano. La predisposición de los transeuntes es muy diferente, tanto es así que la mayoría de la gente a la que retratamos era de fuera y estaban pasando unos días por la región. Los habitantes de Emerita Augusta te miraban con desconfianza y recelo, excepto un grupo de señoras mayores que nos pidieron una piruleta pero no quisieron saber nada de la foto. Para los nietos, dijeron…

También reconozco que estaba acojonado. Cuando convoqué esta actividad esperaba que se apuntase un número de gente suficiente como para que el sentimiento de turba anulase el resto de miedos pero cuando vi que seríamos sólo cuatro personas, el pánico se cebó con mi cerebro. Porque para alguien tímido y con tendencia a diluirse entre la gente, ser la punta de lanza de una actividad que te obliga a abordar a desconocidos no es algo agradable.

Hubo otro pequeño problema y es que según la legislación vigente no podemos subir fotografías de personas, retratos, a internet sin su consentimiento. Y hoy en día, ¿quién no ha oído cosas sobre todas esas fotos que pueblan la red y que se han subido sin autorización? Así que cuando conseguías la atención de alguien y accedía a posar para el retrato, junto con las explicaciones de la actividad (es para un taller de fotografía, no vendemos nada, no difundimos las fotos, es para mejorar la técnica del retrato, no pertenecemos a ninguna secta) había que añadir la pregunta sobre internet. Hacia la mitad de la actividad ninguno se molestaba en preguntar porque ya sabíamos la respuesta de antemano. De hecho, las fotografías que ilustran esta entrada son las de los integrantes del photowalk (¡y tengo su permiso explicito!).

Y con todo esto resultó gratificante (al menos para mí) porque era una actividad que llevaba un tiempo queriendo hacer y cuyo resultado ha sido mejor de lo esperado. Cada uno de nosotros hizo una treintena de fotos y, aunque recolectamos todo tipo de negativas (algunas con bastante salero), nos cruzamos con gente que quiso colaborar y eso estimula. Eso sí, una vez hecho el photowalk, no pienso volver a repetirlo ni por orden judicial. ¡Y pienso comerme todas las piruletas que han sobrado!

Por último, quería darle las gracias (¡gracias!, ¡gracias!, ¡gracias!, ¡gracias!) a Gloria, Alex y María José por el esfuerzo y la confianza porque ellos tampoco lo tenían claro y, sin embargo, hicieron posible un photowalk único (por irrepetible).

fotografía — los ojos de Vera

los ojos de Vera

Casi ciento cincuenta fotografías para llegar a esta… El procesado me ha llevado bastante más de lo que pensaba, porque utilizar dos cámaras diferentes y emocionarse disparando fotos sólo da problemas pero, al final, como siempre, ha merecido la pena por esta y otras tres o cuatro imágenes más.

Las fotos a los sobrinos es un círculo vicioso. Uno empieza haciéndose el responsable, no queriendo disparar por disparar, escogiendo el momento, preparando la cámara, el fondo, el ambiente para que nada se salga de madre y poder tomar una docena escasa de donde elegir. La realidad es otra.

Tienes quince minutos, más o menos, en los que consigues que dejen a la cría sola, a su aire y sin que nadie le ande con el pelo, la ropa o intente sacar las manos de la boca. Por supuesto, es tarde y ya no hay luz natural con que jugar. En su lugar hay una bombilla de bajo consumo que vuelve íntima la estancia hasta que calienta. También hay gente, mucha, hablando con la niña para que sonría, para que levante la cabeza, para que saque las manos de la boca… dando sombras y haciendo que la modelo no pare un instante, ¡como si le hiciera falta la ayuda!

Así que, sencillamente, olvidas todo lo que tenías previsto, mandas el autocontrol del dedo índice al carajo y te lías a disparar fotos buscando ese instante precioso en que todo se conjura contigo.

A veces los encuentras.