verano

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repasando

Al fin he terminado con los exámenes de inglés, después de estar dos meses entregado y absorto. En este tiempo he perdido la costumbre de juntar más de ciento cuarenta caracteres (¡yo te maldigo, twitter!) y de expresarme en cualquier otro idioma que no sea el de Shakespeare. En breve, después de dormir varias tardes seguidas para recuperar las siestas perdidas, retomaré viejos proyectos y tareas pendientes y también trataré de pelearme con linux, no mucho, pero sí lo suficiente como para no perder eso que metafóricamente llaman «las sensaciones». En un par de semanas llegará la nota de los exámenes y, con ella, la posibilidad de pasarme el verano estudiando, pero tampoco me preocupa excesivamente (veremos cuánto me preocupa cuando salga).

El resto, sencillamente, será calor y ese olor a seco y pinos que tanto me llamó la atención, la primera vez que fuimos a Portugal de camping allá por los noventa.

aviso para los turistas

el video tiene un par de horas, no más y estamos a mediados de julio. Y sí, vale que el termómetro está al sol y que tiene que estar más recalentado que la colilla de Clint Eastwood en aquellos western memorables pero, un estudio independiente y de coña, hecho por n1mh Inc. dice que ese termómetro tiene una variación de tres o cuatro grados de temperatura, con respecto al más cercano a la sombra. ¿A que 43 grados tampoco hacen gracia?

Señores visitantes de Mérida:

las tiendas, los chiringuitos y, en general, cualquier ser vivo no adaptado al medio que viva en Mérida y provincia, como algunos seres humanos, se esconden del calor en el lugar más profundo e ignoto de sus casas, hasta las seis de la tarde. Algunos afortunados lo hacen, directamente, bajo el aparato de aire acondicionado, también conocido como el-chisme-que-da-y-quita-vida. Las visitas a los monumentos, aunque apetecibles, son poco recomendables, incluso con protección solar total. Si, además, usted trata de sacar alguna fotografía, ha de saber que la luz a estas horas es como un cuchillo, dura, afilada y parte por la mitad cualquier buen encuadre.

Es mejor refugiarse de la flama (si, yo tampoco conocía el término) y esperar a que escampe.

Advertidos quedan.

la flama

flama.
(Del lat. flamma).

1. f. llama.
2. f. Reflejo o reverberación de la llama.
3. f. Mil. Adorno que se usó en la parte anterior y superior del morrión y del chacó.
4. f. And. y Ext. bochorno (? calor).

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La extremeña es la acepción número cuatro. Se aplica para hablar del rango de temperaturas que van desde los treinta y cinco a los doscientos grados. O, como dicen por aquí, del buen tiempo al puñetero infierno.

Primeros de mayo y, de nuevo, las mismas conversaciones al teléfono con Mamá:

— ¿Llueve?
— ¿Aquí? Como no sea en la tele…
— Pues aquí diluvia.
— Aquí ya tenemos los treinta y tantos de rigor. Y no me refiero a mi edad.
— ¡Qué envidia!

Mamá, en serio, ni envidia ni leches. Que a estas alturas del año ya estemos así, sólo puede significar que lo peor está por venir. De improviso, en poco más de tres días, nos hemos metido de cabeza en el infierno. Hasta eme, extremeña curtida en estas lides anda medio perdida, cargando con una chaqueta por si luego refresca y encontrándose con un muro de calor cada vez que pisa la calle.

Pero, si para algo está la familia, es para arrastrarte de vuelta a tus orígenes y lejos de este calor que todo lo derrite. ¡Gracias, primo, por casarte en mayo y en Gijón! Nos vemos en diez días.

Diez

Nueve

Ocho

fotografía – paisaje veraniego

Paisaje seco veraniego

El periódico anunció que en Sevilla se alcanzarían los cuarenta grados y aquí, como somos unos envidiosos, nos fuimos detrás sin pensarlo. A primera hora de la tarde, cuando el aire parecía una inmensa pared caliente, se me ocurrió salir a hacer fotos en mitad de ninguna parte, al otro lado de la autovía. Llevaba unos días mirando de reojo una alberca y decidí olvidarme del parte meteorológico, enfundarme las botas de montaña y caminar buscando la más mínima sombra.

Finalmente, la alberca no salió tan bien en las fotos, entre otras cosas porque los cables del tendido eléctrico estaban en todas partes y, quizá, porque el calor no me dejaba pensar con claridad. De entre todas las fotos sólo se salvaba esta y, sinceramente, no tengo muy claro el porqué.

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